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Todo empieza un 17 de julio, ese día era mi cumpleaños, estaba muy emocionada, esperaba que fuera un día genial. Apenas desperté me sentí muy feliz pero extraña, me dolía la panza y no sabía porqué, en ese momento mi mamá me dice que vaya a desayunar para salir a hacer unas compras y pues fui desayuné y después me vestí muy lindo porque quería verme fabulosa ese día.

Cuando llegamos al supermercado el dolor se volvió más intenso y tenía una sensación extraña en mi zona V, lo dejé pasar y asumí que no era nada importante. Al cabo de unas horas sentí que estaba húmedo mi pantalón, pero estaba en el taxi de camino a la casa de mi tía, que iba a darme un obsequio por mi cumpleaños, así que decidí ignorarlo.

Cuando llegamos la sensación extraña seguía en mí y no me sentía nada cómoda, cabe recalcar que estuvimos conversando por alrededor de una hora con mi tía en su sala, con muebles blancos. Ya no podía aguantar la intriga, así que decidí ir al baño y ahí sucedió lo peor...

Al levantarme para ir al baño mi tía y mi mamá se asombraron, pues primero sus muebles traían una gran mancha de sangre y mi pantalón también, yo me asusté un poco por su reacción pero mi tía me regaló una toalla higiénica y mi mamá le pidió prestado un pantalón porque el mío estaba demasiado manchado.

Me puse a pensar en todas las personas que me debieron haber visto así y sentí vergüenza, pero después mi mamá y mi tía me explicaron que me había dado mi primera menstruación y debía asimilarlo y tomarlo con calma; pues eso sucedería cada mes durante mucho tiempo y debía estar preparada. Pero lo más importante es que debía entender que es una situación normal por la que debemos pasar todas las mujeres del mundo.

Por suerte las tuve a ellas para que me ayudaran ese día, fue un cumpleaños sangriento pero entendí que mi cuerpo estaba cambiando y aunque no lo parezca, mi primera menstruación fue el mejor regalo de cumpleaños.

Desde ese día trató de ayudar y comprender a otras chicas en esa situación. En el colegio inclusive había quienes se reían y burlaban de las niñas que aparecían manchadas, y sé que ayudarlas les servirá a entenderlo y a no sentirse mal, aparte que trae mucha satisfacción a quien lo hace. Siempre digo que no debemos alarmarnos, ni burlarnos de alguien que accidentalmente se manchó por el sangrado, porque debemos entender que es normal en cada mujer.

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